Dicho de un hombre, la palabra guarro, suele aludir a características externas del sujeto en cuestión, relativas normalmente a su higiene o a su conducta antisocial, como por ejemplo, escupir por la calle o sacarse mocos públicos.
Dicho de una mujer, en cambio, la palabra guarra, alude a características internas, relativos fundamentalmente a su moral sexual. Esta suciedad moral es confesada también por las propias mujeres cuando viven un proceso de transición hacia las canas.


















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